CAPÍTULO:

EL LUGAR FELIZ

UN EXTRACTO

¡Profesor! Hola. Blancos días de invierno, el sol pega sobre la nieve recién caída. Has llegado al lugar feliz porque es jueves por la tarde. Otra semana, y sigues vivo. Llevas tu secreto contigo dondequiera que vayas, por tanto hacia el lugar feliz. Tan cerca del corazón que nadie puede verlo. # No es una temporada feliz. No es una época feliz. Ni en la historia del mundo ni en la vida personal de muchos. Te preguntas cuántas personas son como tú. Tú, que prefieres la oscuridad a la luz del sol. El dulce olvido del sueño a la cruda vigilia. Sin embargo: en la sala de seminarios forrada en paneles de madera del quinto piso de North Hall. En la cima de la escalera de madera gastada, donde la ventana da un cajón con pinos. En el viento, las ramas del pino tiemblan y la nieve derretida centellea. El lugar feliz. Lea Más

¡Profesor! Hola. Blancos días de invierno, el sol pega sobre la nieve recién caída. Has llegado al lugar feliz porque es jueves por la tarde. Otra semana, y sigues vivo. Llevas tu secreto contigo dondequiera que vayas, por tanto hacia el lugar feliz. Tan cerca del corazón que nadie puede verlo. # No es una temporada feliz. No es una época feliz. Ni en la historia del mundo ni en la vida personal de muchos. Te preguntas cuántas personas son como tú. Tú, que prefieres la oscuridad a la luz del sol. El dulce olvido del sueño a la cruda vigilia. Sin embargo: en la sala de seminarios forrada en paneles de madera del quinto piso de North Hall. En la cima de la escalera de madera gastada, donde la ventana da un cajón con pinos. En el viento, las ramas del pino tiemblan y la nieve derretida centellea. El lugar feliz. Aquí hay un ambiente de optimismo, liviano como el helio. Te ríes a menudo, tú y los estudiantes esparcidos en la mesa pulida. ¿Por qué te ríes tanto? Se preguntarán. Generalmente parece que cuanto más seria es la materia, más probabilidades hay de reírse un poco. Cuanto mayor intensidad, más risas. Cuanto más hay en juego, más risas. El lugar feliz es el consuelo. La promesa. Despertarse por la mañana estupefacto al estar aún con vida. La realidad profunda de tu vida ahora. # Ya en la primera clase de septiembre, la habías visto: Ana. De los doce alumnos en el taller de escritura de ficción, Ana es la que se destaca de los otros. De ti. Cuando se ríen, Ana no se ríe, no con frecuencia. Cuando contestan las preguntas que les haces, cuando en su entusiasmo se superponen al hablar, como cachorros que ruedan juntos, Ana se sienta en silencio. Aunque Ana puede hacer una consulta con una débil sonrisa (de melancolía). O bien puede dirigir la mirada hacia la pared del ventanal con una luz fantasmagórica reflejada en su rostro y parecer estar mirando hacia el espacio, inconsciente de su alrededor. Pensando sus propios pensamientos. Privados, no es asunto tuyo. Sientes el impulso de inclinarte sobre el pupitre, para tocarle la muñeca a Ana. Para sonreírle y preguntarle: "Ana, ¿sucede algo malo?" Pero ¿qué te atreverías a preguntarle a esta chica que se mantiene alejada de sus compañeros? ¿Estás molesta? ¿Triste? ¿Distraída? ¿Aburrida? Imposible. Alguna otra persona de la clase podría llevarse a Ana aparte para plantearle esas preguntas, pero tú, el adulto de la habitación, el profesor, no tienes ese derecho, ni tampoco puedes ejercer ese derecho si efectivamente fuera tuyo. Mucho menos deberías tocarle la muñeca a Ana. Close