CAPÍTULO:

HEDGES & BALK

UN EXTRACTO

Antes trabajaba en un lugar llamado Hedges & Balk. Era una empresa de comunicaciones ubicada hacia el sur de Columbus Circle, en la 7ma Av., entre los pisos 40 y 42. Ya no existe. Mi puesto era el de redactor de planta. Redactaba informes, comunicados de prensa, ese tipo de cosas. A veces se presentaba un proyecto más especializado, alguna nota técnica o el lanzamiento de un producto, algo con un estilo más guerrillero. Para ser fanco, había muy pocos temas que no nos atrevíamos a tocar cuando llegaba la solicitud. Nos explayábamos con gusto en cualquier dirección, en pos de satisfacer el pedido del cliente que fuera. Estábamos en una posición de recorte absoluto desde el punto de vista del personal, reduciendo márgenes a más no poder. Habíamos serruchado tanto los gastos, que ya no quedaba ni el aserrín. Parecía que a veces nos movíamos con la sincronía de las escamas de un dragón. Lea Más

Antes trabajaba en un lugar llamado Hedges & Balk. Era una empresa de comunicaciones ubicada hacia el sur de Columbus Circle, en la 7ma Av., entre los pisos 40 y 42. Ya no existe. Mi puesto era el de redactor de planta. Redactaba informes, comunicados de prensa, ese tipo de cosas. A veces se presentaba un proyecto más especializado, alguna nota técnica o el lanzamiento de un producto, algo con un estilo más guerrillero. Para ser fanco, había muy pocos temas que no nos atrevíamos a tocar cuando llegaba la solicitud. Nos explayábamos con gusto en cualquier dirección, en pos de satisfacer el pedido del cliente que fuera. Estábamos en una posición de recorte absoluto desde el punto de vista del personal, reduciendo márgenes a más no poder. Habíamos serruchado tanto los gastos, que ya no quedaba ni el aserrín. Parecía que a veces nos movíamos con la sincronía de las escamas de un dragón. Con frecuencia parecía una historia real, otras veces el acelere era tan alto como un saque de cocaína. Todo el mundo lanzaba nuevos negocios, todos se zambullían en la gran piscina urbana en un abrir y cerrar de ojos. Nos trasladábamos a White Plains, a Nueva Jersey, donde nos necesitaran, allí estábamos. Era nuestro mejor momento, para la mayoría de nosotros, aunque también había varios chapuceros. No todo era conquistar, conquistar, conquistar, arrasar, arrasar, arrasar. Tampoco era una cabaña en Madagascar. Era la nación corporativa con aire informal. Un tercio del tiempo era un dolor de huevos. Aún así, a veces nos tocaba un liberado. Teníamos diez días en agosto para ir a la playa. Pero esa no es realmente la historia que quiero contar. Es el telón de fondo, un teléfono sonando dentro de alguna oficina distante, el murmullo incesante. La verdadera historia, mi historia, tenía lugar enteramente en entornos privados, sutiles cambios de clima. Ellos hacían todo lo posible por arrastrarme. No siempre surtía efecto. No siempre jugaba en equipo. Esta es la historia. EE. UU. era nuestro cliente. Es gargantuesco, pero cierto. Caterpillar y Boeing, Anheuser-Busch. Conocíamos sus historias y nos poníamos sus camisetas. Todos teníamos la maqueta inclinada del Dreamliner en nuestro escritorio, que nos habían enviado justo antes del viaje inaugural. Uno aborda el Dreamliner como la Princesa de Mónaco y vuelve a bajar como John Glenn. Eran los mitos que estábamos vendiendo, la quebrada del cañón y el rocío de la pradera, el vaquero al amanecer con su caballo. Además de todos los que inventábamos nosotros: La afeitadora Schick versus la Bic Flex5. El revolucionario labial Reviver 4 en 1. Era muy divertido. Después de la transmisión de los impresionantes anuncios compartíamos con nuestros seres queridos un poco de chisme del detrás de escena. Conocíamos las intimidades de la industria, nos trataban como de la familia. Llegaban los productos de prueba, y nos abalanzábamos a ellos. Teníamos licuadoras en las cocinas, strudels falsos en los hornos. Enchufábamos un secador a la pared y nos parábamos a escuchar su tranquilizador zumbido. Tropicana, Pepsi-Cola, Bausch + Lomb. Mucho después, cuando le apunté la pistola a la cabeza, ni se inmutó. Close